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La Fernandina - Desde Cienfuegos, Patrimonio Cultural de la Humanidad

Martí en Cienfuegos: la posibilidad. Entrevista a la profesora Mirta Luisa Acevedo Fonseca.

Martí en Cienfuegos: la posibilidad. Entrevista a la profesora Mirta Luisa Acevedo Fonseca.

Fotos: Nelson Costa.

América Latina y El Caribe, Estados Unidos o el Viejo Continente; en cualquiera de estas latitudes es posible encontrar una huella de la presencia de nuestro Apóstol, quizás por esa razón, más de un investigador cienfueguero se ha rehusado a la idea de que La Perla del Sur no formara parte de su itinerario, en algún que otro momento de su vida. (P) La indagación en torno a la posible estancia de Martí en el territorio centrosureño conduce hasta la investigadora, escritora y profesora Mirta Luisa Acevedo Fonseca, martiana confesa cuya labor científica ha propuesto más de una tesis en tal sentido: “Pudiera existir algún momento en que Martí niño, acompañando a su padre por “El Hanábana”, que nos queda a unos breves kilómetros, haya incursionado en las zonas de Aguada o Yaguaramas, territorios muy cercanos al lugar donde él estaba y pertenecen a la provincia de Cienfuegos, y pudiera darse el caso que exista un asentamiento jurídico, donde el padre de Martí que era Capitán Juez Pedáneo del Hanábana, haya estado en esa zona y, claro, Martí era quien le hacía la documentación, era su amanuense, y estuviera presente en alguna de estas incursiones, en esta zona cercana a la Ciénaga de Zapata, donde se sabe que estuvo Don Mariano Martí.”
Distinguida con la Orden “Por la utilidad de la virtud”, la MsC. en Estudios Literarios, Mirta Luisa Acevedo Fonseca, ha dedicado una buena parte de sus esfuerzos a la búsqueda de una comprobación documental que ampare cualquier posible especulación acerca de los motivos que pudieron haber conducido a Martí hasta la tierra cienfueguera: “La investigadora cienfueguera, Aida Peñarroche, me hizo notar que el Señor Francisco Sayas Bazán estuvo en Cienfuegos como escribano, en la Escribanía de Difuntos, y a mí me sorprende porque su nombre siempre ha estado vinculado a Camagüey; al verlo aquí me pregunté a qué pudo venir. Luego, con la colaboración de muchos otros investigadores y personas que me ofrecieron documentos, pude encontrar que Francisco Sayas Bazán, como escribano y abogado, tenía acceso a las diferentes familias cienfuegueras, entre ellas, a los Martín Hidalgo y Cavanillas, a la que pertenecía Isabel, una joven de la que se enamora y con la cual se casa, en la Catedral de Cienfuegos, en el año 1846, es decir, los padres de Carmen Sayas Bazán se casaron en Cienfuegos y, si bien ella es de una familia que había surgido de un militar español que entró por Trinidad y luego vino hacia Cienfuegos, su madre vivió una parte de su vida en nuestra ciudad, de manera que, tanto su madre como la familia materna son de Cienfuegos y crean un determinado capital que, evidentemente, pasa a manos de Francisco Sayas Bazán. Al decir que Carmen era de una familia adinerada, no sólo es por la vía del Camagüey, de donde heredó fortuna, sino también por la rama materna que radicaba en Cienfuegos.”
    Si bien resulta muy atractivo, y hasta lógico, suponer que cualquiera de los elementos enunciados por la profesora Mirta Luisa pudieran condicionar una posible estancia del Apóstol, en Cienfuegos, en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX, lo que sí no ha lugar para la duda es su estrecha vinculación ideológica y espiritual con algunos centrosureños ilustres de este período histórico: “Hay un descendiente de la familia Fortún, radicada en Cienfuegos, que se casa con una de las hermanas de Martí, Antonia . Luego pude encontrar que Martí tuvo una relación muy estrecha con unos Brunet, dentistas que, de Cienfuegos, fueron a vivir a Filadelfia; y me pareció también muy interesante la relación de Martí con Ana Aguado y Guillermo Tomás, dos músicos cienfuegueros que emigraron a los Estados Unidos y con cuyo trabajo musical aportaron dinero al Partido Revolucionario Cubano y a la causa de la independencia de Cuba.”
Capítulo aparte merece el intercambio breve pero intenso que sostuvieron Martí y la cienfueguera Mercedes Matamoros, considerada por otro consagrado de las letras sureñas, Florentino Morales, como “nuestra mejor poetisa”.
Aunque es de presumir que ambos estuvieran involucrados en los sucesos del Teatro “Villanueva”, no es hasta casi una década después que son presentados Martí y la veinteañera artista, cuyos versos causan una impresión, cuando menos, perdurable, en el ánimo del revolucionario que se apura en dejar constancia de ello, a la usanza de la época, en el abanico de la joven: “Como las plegarias, pura;/ como la cólera, altiva;/ como tus ensueños, triste;/ como la inocencia, tímida;/ tú, la doncella garbosa/ en cuyos ojos anidan/ blandas miradas de tórtolas,/ trágicas luces sombrías…”
La estancia del Apóstol en la capital, entre 1878 y 1879, año en que sale deportado  a España, por segunda vez, propicia un acercamiento a Mercedes, relación que se asienta no sólo en la admiración mutua del quehacer literario de ambos sino en la consonancia de ideales patrióticos y revolucionarios, empatía que, a la vuelta forzada de Martí al país ibérico, suscita los emotivos versos de la Matamoros recogidos bajo el título “Adiós”: “Pronto la nave surcará ligera/ el piélago insondable: en la alta noche/ solitario en la proa el desterrado,/ pálido el rostro y húmedos los ojos,/ buscará en lontananza/ los adorados seres que formaron/ su gloria y su esperanza…”
Nunca más volverían a encontrarse.
Poco después de la abrupta terminación de la contienda del ´95, Mercedes es consultada por el semanario habanero “El Fígaro” para que dé su parecer en torno a la figura a la que debía dedicársele la escultura que se proyectaba emplazar en el Parque Central de la ciudad capital; quince votos, incluido el suyo, determinaron que, para 1904, una estatua de Martí realizada por José Villalta de Saavedra ocupara el área central de esta plaza: “El alma –que hoy evoca el pecho mío-/ del noble ser a quien la patria adora,/ no palpita ni canta: gime, implora,/ bajo ese mármol silencioso y frío…” (“Ante la estatua de Martí” de Mercedes Matamoros).
Documentada o no, o supuesta, a partir de las numerosas posibilidades que brindan las tesis enunciadas por la investigadora sureña Mirta Luisa Acevedo Fonseca, la presencia de Martí en Cienfuegos resulta tan innegable como el influjo de su ideario en el proceso de radicalización del pensamiento revolucionario de los patriotas cienfuegueros enrolados, tanto en la gesta preparada por él, como en la posterior batalla por la liberación definitiva de la nación cubana.


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